domingo, 25 de septiembre de 2016

COMENZAMOS A CAMINAR...


Nuestro transporte.

9 de octubre
Después de una larga espera en el aeropuerto, en la zona de vuelos nacionales, cruzamos un espacio herboso para llegar al helicóptero de Gorka Airlines, un viejo aparato ruso para el transporte de tropas, licenciado de Afganistán.
Tras cuarenta minutos de vuelo y un ruido insoportable, aparece ante nosotros la pista de aterrizaje de Lukla, aparentemente muy corta, pero inclinada cuesta arriba hacia la montaña para compensar su longitud, para nuestro aparato esto no tiene importancia, pues no la utiliza, y se posa junto a unos barracones que hacen las veces de terminal, tiene también una pequeña torre de control, pero carece de radio, cuando se acerca algún aparato a la pista de aterrizaje, que es de tierra y gravilla, un operario con un silbato aparta a la gente que anda por las inmediaciones, y si alguno se hace el remolón le propina una pedrada.

Aeropuerto de Lukla

Descargamos nuestras cosas y nos dirigimos a un lodge, donde nos preparan un té y luego una comida ligera para salir hacia nuestro destino siguiente.
Comenzamos a caminar sobre las 13:15h, el camino es un continuo tobogán, en una hora de marcha llegamos a Phakding, a 2610m, hemos descendido 230m, pues Lukla está a 2840m.
Cuando llegamos el campamento estaba montado, empezaba a llover, cruzamos un pequeño puente bastante precario y dejamos las mochilas en las tiendas, como no habían podido montar la tienda comedor, fuimos a un lodge que había junto al campamento a cenar sobre las 18:00h.
Lo que relato a continuación se repetirá todos los días del viaje:
5:45, se abre la entrada de la tienda y dos chicos jóvenes sherpas nos despiertan con un good morning sir, thé?, y diez minutos mas tarde de dejarnos dos humeantes tazas de té, regresan con dos palanganas de aluminio con agua caliente y un washing water, sir!, a las 6:30h nuestro petate debe estar cerrado a la puerta de la tienda, nosotros nos vamos a desayunar y sobre las 7:00h comenzamos a caminar.
Estamos inmersos en un paisaje espectacular, grandes abetos, magnolios y rododendros, son nuestros compañeros de viaje mientras vamos remontando el rio Dudh Koshi, cruzando algunos puentes colgantes que asustan.

Puente colgante.

Sobre el medio día llegamos a las puertas del Parque Nacional Sagarmatha, allí controlan nuestros permisos de acceso al lugar mas espectacular del mundo. Cerca de Jorsale paramos a comer lo que se convirtió en la repetición de comida del resto del viaje. Más tarde cruzamos el puente de Larja, situado al sur de Namche Bazar, que cruza el rio en un entorno excepcional, y a una altura de vértigo. Las tablas de madera del suelo crujen al cruzarlo, y los sherpas colocan piedras para tapar los agujeros en los que los yacs pueden meter sus patas y lastimarse.
Desde el Larja bridge hasta Namche Bazar, deben haber unos tres kilómetros, pero la fuerte pendiente y la altura, ya superamos los tres mil metros, se alían en nuestra contra y la subida se hace bastante dura.
Llegamos a Namche sobre las 13:30h, antes paramos a tomar un té en un pequeño local en las afueras del pueblo, allí vi por primera vez a dos tibetanos vestidos con su tradicional chuba, su pelo alrededor de la cabeza trenzado con lana roja, tenían un aspecto feroz, me vino a la memoria los relatos sobre los guerreros Kampas de Michel Peissel. Continuamos andando hasta la zona donde estaban nuestras tiendas, a la calle principal de Namche Bazar le viene al pelo su nombre, toda está llena de tiendas y pequeños locales de comidas que regentan los tibetanos. En el centro de la vaguada donde se emplaza el pueblo hay varios bancales donde acampan diferentes grupos de senderistas, y como equipamiento solo cuenta con una letrina en un lateral para el alivio de los caminantes occidentales. Dejamos las cosas en la tienda y nos fuimos a dar una vuelta por las callejuelas del pueblo, entramos en un pequeño local que hacia las veces de bar, restaurante, cocina y dormitorio de la familia que lo regenta, allí comimos unos trozos de carne de búfalo seca y frita con jengibre con una especie de churro a modo de pan que estaba muy bueno.

Namche Bazar.

En el campamento la cena se servia a las seis de la tarde, cuando comienza a oscurecer, después de cenar, Santi, Toni y yo nos vamos al pub de Namche, nos tomamos unos orujos típicos de allí al son de la música de the Doors y al rato nos fuimos a dormir, pues al día siguiente la marcha era corta pero de fuerte pendiente, nuestro destino: Khumjung.

lunes, 19 de septiembre de 2016

VIAJE A NEPAL



NEPAL-97 Imja-Tse.
VIAJE AL PAIS DE LAS MONTAÑAS

El viaje a Nepal se planteó como una ruta de senderismo en el Himalaya, con la ascensión a una montaña “fácil” denominada Imja-Tse o Island Peak de 6189m.
Al ser nuestro primer viaje a Nepal, contratamos con una agencia especializada en este tipo de eventos, Viajes Shanga, y nuestro grupo estaba formado por los siguientes participantes:
Mateo Pérez Aranda.
Ignasi Astor Landete.
Juan Antonio Revert Calabuig.
Sebastián Pastor Ivars.
Salvador Sendra Perelló.
Juan Antonio Andrés Martínez.
Cuando llegamos a Madrid nos reunimos con el resto del grupo que había formado la agencia, esto es, dos grupos de diez personas, como nosotros eramos seis, se sumaron cuatro, cada grupo de diez sería autónomo, aunque en las paradas coincidiríamos.
Santiago Gómez Oviedo, de Burgos.
Jaime de José Guijarro, de Zaragoza.
Juan Llabrés Escobar, de Palma de Mallorca.
Juan Manuel Miralles, de Castellón.
El guía de nuestro grupo de diez personas Juan Sobrino García.
Después de un singular desfile por un sin fin de aeropuertos llegamos a Kathmandú completamente destrozados, al salir del aeropuerto nos recibieron con collares de flores, subimos a un pequeño autobús que nos llevaría al hotel, las calles estaban atestadas de vida y miseria, pero ajenos a todo llegamos al hotel Yac & Yeti, uno de los mas lujosos de la ciudad. Después de una merecida ducha y una siesta para poner en hora nuestros maltrechos cuerpos nos fuimos a cenar.

Todo el día siguiente lo dedicamos a visitar lo mas notable de la ciudad, primero fuimos al templo de Pashupatinath, allí junto al río Bagmati, presenciamos la incineración de varios cadáveres en las escaleras que están junto a las aguas, es un poco el Benarés de Nepal, el cuerpo envuelto en una sábana, lo colocaban sobre una pira de troncos, prenden el fuego y le van echando paja húmeda, lo cierto es que ninguno de nosotros percibimos olor, al finalizar la cremación, las cenizas y los los restos se barren hacia el río, donde la corriente los dispersa, unas decenas de metros mas abajo unos niños juegan y se bañan en la orilla.


La entrada al templo está prohibida a los no hindúes, pero desde fuera podemos ver los techos de pan de oro y la gran cantidad de gente que accede al templo.
Mas tarde fuimos a la ciudad de Bhaktapur, situada a 16Km al este de la capital, es como una ciudad museo de escultura y arquitectura hindú, por eso cobran entrada.
Fuimos a ver la plaza de Durbar, el palacio real, la plaza Taumadhi y el templo de Dattatreya. Lo cierto es que hay tal condensación de arte que merece la pena verlo en un par de días.
El palacio real es de madera y ladrillos, construido en el siglo XV, es famosa la Puerta Dorada, ricamente trabajada. En la plaza Taumadhi, la pagoda de Nyantapola, construida en el siglo XVIII, dicen que es la mas alta y bonita de Nepal, formada por una estructura piramidal, tiene cinco pisos, guardando los lados de la escalera, figuras de elefantes, leones, monos y hombres.
El templo de Dattatreya, tiene gran diversidad de tallas de madera, y unas ventanas tipo pavo real.


Un poco mas tarde fuimos a la estupa de Bodnath, la mas grande de Nepal, ocupa el centro de una gran plaza, y sus laterales están guardados por molinos de oración, es por así decirlo el centro de los tibetanos de Kathmandú, ademas según se dice la estupa guarda los huesos de Buda. A su alrededor hay gran cantidad de tiendas de recuerdos y antigüedades regentadas por los tibetanos que huyeron del Tibet a mediados de los años cincuenta tras la invasión china.
Allí participamos, junto a un grupo de mujeres tibetanas ataviadas con sus trajes típicos, en una ceremonia budista, un tipo de ofrenda, donde se tiraba harina al viento.
Por la noche fuimos a cenar a un restaurante tibetano en la calle Narsing Gate, probamos la famosa cerveza tibetana, que se bebe caliente, y recuerda al vino en fermentación. Cerveza en tibetano: Chang
Mañana volaremos a Lukla, donde empieza nuestra marcha hacia las montañas.

miércoles, 24 de agosto de 2016

LLEGAMOS A CASA.


Desde las 23 horas de ayer, hasta las tres de la madrugada de hoy, en que nos disponemos a subir al bus, la espera se ha hecho muy larga. Hemos dado cabezadas, leído, y cuando ha pasado la tormenta, paseado por los andenes, disfrutando de un hermoso cielo estrellado. Subimos al bus, que es como el que nos trajo, y nos quedamos dormidos hasta que es de día, ya en las afueras de Asunción. En autobuses urbanos, ya no tenemos ni para taxis, llegamos hasta el mismo aeropuerto. Entretenemos la espera hasta la salida del vuelo mirando tiendas y viendo, desde una terraza, el despegue y aterrizaje de aviones y avionetas. Hay un gran movimiento de estas últimas.
    
Retiramos de consigna nuestro equipaje, sacamos de él ropa adecuada para el frío de Madrid, y facturamos. En la aduana hemos de pasar un control antidroga. Un simpático cocker olisquea todo nuestro equipo de mano. Pasamos a la sala de espera, y poco después embarcamos en un limpio avión de la Varig brasileña, que es la que se hizo cargo de nuestros billetes al quebrar LAP. Despega puntualmente, a las 14'45. Volamos entre nubes tormentosas y cielos limpios. En los claros, vemos allá abajo verdes tierras y grandes ríos serpenteando en la llanura. Hacemos escala en Foz de Iguazú, aterrizando a las 15'30 en medio de una gran tormenta que zarandea al avión de lo lindo, mientras algunos parece que quieren arrancar los brazos de sus asientos.
    
Despegamos a las 16'20. En este tiempo ha pasado la tormenta, y abajo, lejos, se localizan las cataratas por la nube de agua pulverizada de la Garganta del Diablo, las "dos lanzas de alto de Cabeza de Vaca".
    
Volamos hacia Sao Paulo, inmensa ciudad que sobrevolamos a baja altura durante bastante tiempo, lo que nos permite apreciar la variedad de edificación sobre un terreno muy ondulado: de chalets a rascacielos, de chabolas a lujosas mansiones. Aterrizamos a las 17'45. Transbordamos a un enorme avión que va a Londres, con escala en Río de Janeiro, donde desembarcamos. Desde aquí volaremos directamente a Madrid.
    
Entretenemos la espera paseando por las inmensas salas de este gran aeropuerto, y nos divertimos viendo al Notario hacer yoga. Del divertimento participan el resto de pasajeros de la sala, ya que hay una posición en la que se coloca cabeza abajo con brazos y piernas en cruz. E impasible a los comentarios más o menos cáusticos.
    
Por fin embarcamos en otro enorme avión, el de la vuelta a España. En estos grandes aviones apenas se advierte el momento de despegue ó aterrizaje. Notamos que nos movemos, pero yo advierto que estamos en el aire, cuando veo por la ventanilla las luces del aeropuerto y ciudad alejándose rápidamente allá abajo.
    

Y empezamos a constatar la suerte que hemos tenido al volar con la Varig. La cena magnífica, el personal, todo, no solo las preciosas azafatas, atento y agradable, y los asientos amplios y con la suficiente separación entre filas para poderlos abatir y dormir bien. Esta noche no hay güisquis ni tertulia. Estamos cansados y poco después de cenar nos acomodamos para dormir.
Me despierta la luz del día y el trasiego a los aseos, mientras las azafatas nos preparan un suculento desayuno servido con tanta amabilidad como la cena de anoche.
    
Nos acercamos a Madrid. A las 11'25 aterrizamos tan suavemente como despegamos, y tras los trámites aduaneros nos encontramos con Agustín, el primo de Juanan, que nos espera, no sé si con el mismo bus, pero si con el mismo chofer, que nos mira intrigado y nos pregunta que nos ha pasado. - Nada, ¿por qué?. -Porque estáis muy delgados. Agustín asiente con la cabeza.
    
Nos llevan a Chamartín, donde están los padres de Jaumet esperando. Pasan un rato con nosotros hablando del viaje y se marchan muy contentos con su hijo. ¡Quien me iba a decir que era la última vez que los vería!. Poco tiempo después morirían, los padres, en un trágico accidente de coche entre Altea y Calpe.
    
Tenemos hambre, pero hemos de administrarnos bien para poder tomar todos un bocadillo. O mejor dicho, casi todos, ya que hay alguno al que hay que poner coto, porque teniendo dinero, está dispuesto a comer, pero no a pagar.


    
A las 16 horas salimos en Talgo hacia Alicante. El viaje se hace interminable. Todos estamos impacientes por llegar. Por fin, unas cuatro horas después, llegamos, y bajamos rápidamente para encontrarnos con la familia. A mí ha venido a recogerme Pedro Nimes. Como no tengo ningún familiar a quien abrazar, ello me permite observar los encuentros de mis compañeros con los suyos. Abrazos, besos, y lágrimas de alegría, pero sobre ese denominador común, me quedan grabados dos flases: Uno es Laura, la mujer de Manolo, corriendo con los brazos abiertos hacia su marido, ciega para todo lo que no sea él, al que, como no le gusta parecer efusivo, avanza impasible hacia ella. El otro es Toni, andando con Alicia y su hija Sara cogidas a su cintura, y en sus hombros, a horcajadas, la pequeña Marta, que con una expresión de orgullo y alegría a la vez, acaricia la cabeza de su padre.
    
Cojo mi equipo y digo adiós a todos, aunque nadie se da cuenta de nada, absortos en sus afectos. Y con Pedro llego a casa un rato después. Sole se abraza a mi y reclina su cabeza en mi pecho.

Fin del relato de Mateo Pérez Aranda

El equipo por edad

Mateo
Manolo
Juan
Jaume Miquel
Andrés
Juanan
Jesús
Toni

Vicen
Miguel Angel
Sebas
Jaume
Jaimito

Este recorte de prensa fue el final de un viaje que hizo grandes amigos a gente que no se conocía apenas y fortaleció las amistades que ya existían, a todos nos cambió algo en nuestro interior este viaje que nos hacía fuertes y frágiles, alegres, tristes, nostálgicos, emocionados, eufóricos, pero siempre sabiendo que a tu lado tenías a alguien, que en los momentos difíciles, era capaz de dejar todo por ti.
Juanan.


martes, 16 de agosto de 2016

CIUDAD DEL ESTE (2)


Sobre las 16 horas volvemos a Ciudad del Este. Buscamos donde comer y nos encontramos con la sorpresa de que los restaurantes están cerrados. Nos explican que aquí la gente sale a cenar, pero no a comer, por lo que cierran al mediodía. En un asadero de pollos, y sobre unas sucias mesas, nos comemos unos cuantos, acompañados de la única bebida, cerveza.

Lo que si hay es mate, infusión típica de estos países, que tomamos en la no menos típica matera, que pasa de mano en mano, para que sorbamos la infusión, a través de una boquilla común para todos, que llaman pipa. Es un ritual muy extendido en Paraguay, sur de Brasil, Uruguay, y Argentina. Si te ofrecen tomarlo, no debes rehusar, ya que es un signo de amistad, de que te aceptan. A nuestro alrededor hay varias mesas con grupos de gentes que toman el mate, con el ritual descrito, mientras charlan y ríen.
    
Damos un larguísimo paseo hasta la Zona Franca, cerca del Puente de la Amistad, y esto ya parece una ciudad, tanto por la abundante edificación como por la entidad de ellos. Los bajos de los edificios son comerciales, y se advierte una gran actividad, con gentes de todas las razas. El Capitán aprovecha para negociar unos terrenos. Manolo dice que volverá diciendo que ha comprado " medio Paraguay ".
    
Hacemos tiempo deambulando sin rumbo, y volvemos a las proximidades de la Estación de Buses. En un parque próximo, nos tumbamos, cansados, bajo la sombra de los arboles, y dormitamos relajados hasta que al oscurecer, los mosquitos nos desalojan con sus zumbidos y picotazos.

   

Manolo y algunos más se van a ver un partido internacional entre las selecciones de Paraguay y Brasil. El Campo, junto a la Estación, es peor que los nuestros de regional. Una grada de cuatro o cinco escalones en un lateral y porterías. El otro lateral es una cerca de espino por donde "se cuela" la gente, y permite ver desde fuera el juego en el centro del campo.
    
Cenamos el mismo sitio que anoche. Tomo una tortilla con verduras muy buena. Me sorprende que la llamen con el galicismo ommelette en un país netamente hispano. Supongo es por snobismo.
    

Mientras cenamos se acerca una tormenta impresionante por la frecuencia e intensidad de rayos, relámpagos y truenos. Cuando se sitúa encima de nosotros, llueve con tal fuerza que el techo de paja no puede evacuar el agua, que se filtra, produciendo abundantes goteras que nos obligan a desplazarnos hacia el centro, donde terminamos de cenar como podemos. Esperamos a que deje de llover, y como la tormenta sigue cercana, decidimos irnos a la Estación, aunque faltan varias horas para que salga nuestro bus de vuelta a Asunción. Y acertamos, porque poco después vuelve a llover. ¡Y de que forma!. Agua y granizo golpean con fuerza sobre el techo metálico, y hay una parte, donde están varias filas de asientos, en la que cae el agua como si no existiera aquel, formándose grandes charcos. Los truenos se suman al estruendo del granizo, haciendo vibrar los cristales, y vemos caer varios rayos muy cerca.


Nos vamos acomodando en el suelo en las zonas sin goteras - la zona de butacas es un lago -, dispuestos a la larga espera. La cafetería no tiene casi nada, y nosotros no tenemos casi dinero, así que estamos divorciados. 

jueves, 11 de agosto de 2016

CIUDAD DEL ESTE


10 de febrero

Una vez en Brasil, la carretera hasta Foz de Iguazú discurre entre una gran masa arbórea de un verde intenso y brillante, y sobre las 10 horas estamos en una gran explanada que bordea la falla de las cataratas. Es un inmenso parque con muchos andenes entre la espesa arboleda, en la que revolotean muchas mariposas con una llamativa policromía en sus alas. Y también unos simpáticos coatíes que, familiarizados con las personas, se dejan acariciar mientras esperan cualquier golosina. Han aprendido a cogerlas de bolsillos o equipajes. Jaume Miquel lleva una pequeña mochila que deja un momento en el suelo, pero lo suficiente para que una graciosa familia de ellos -uno grande y varios pequeñitos- metan sus zarpas en los bolsillos de aquella y se lleven unas barritas de chocolate, desapareciendo raudos entre la espesura.
    
El estruendo de las cataratas llega a donde estamos sobreponiéndose a la algarabía que producen motores, radios y personas. Empezamos a bajar expectantes, por los senderos y pasarelas que serpenteando descienden hasta el pie de aquellas. Ya el sendero te cautiva con sus túneles y puentes entre la exuberante vegetación, que por otra parte, quita la sensación de vértigo, pues descendemos por una pared casi vertical. En algunas curvas del sendero hay miradores desde los que tenemos ya vistas parciales de este prodigio de la naturaleza que es Iguazú. 
    
Las cataratas fueron descubiertas por un español, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, en el año 1.541. Su informe a la Corona decía: ".....la corriente del Iguazú era tan fuerte que las canoas fueron arrastradas violentamente río abajo, pues cerca de este punto hay una cascada considerable, y el ruido que hace el agua al descender por algunas rocas grandes hacia el abismo, puede ser escuchado a gran distancia, y el vapor sube dos lanzas de alto y aún mas, cerca del salto. Fue necesario, por lo tanto, sacar las canoas del agua y cargarlas a mano hasta pasar la catarata, a una legua con ardua labor......  . La descripción revela el admirable espíritu de aquellos hombres. Ni una mínima concesión a la belleza, grandiosidad, etc.. Solo la aséptica descripción de la dificultad.
    
Es evidente que los indígenas guaraníes y sus antepasados las habrían conocido durante milenios, con leyenda incluida. Según ésta, el origen de las cataratas tuvo lugar cuando un guerrero indio, Caroba, se escapó por el río en una canoa con una bella joven india, Naipur. De esta joven estaba enamorado el dios de La Selva, que montando en cólera hizo que se hundiera el lecho del río delante de ellos produciendo una cascada por la que cayó Naipur, que quedó convertida en una roca al pie de la misma, mientras a Caroba lo convirtió en árbol antes de caer, y desde arriba mira eternamente a su amada.
    

Los orígenes geológicos son menos apasionados. El lecho del río Iguazú es basáltico, y en el punto donde el río de lava se detuvo durante las conmociones geológicas del secundario, formó un brusco escalón de más de 70 m. de altura, por el que se desploman las aguas del río Iguazú, afluente del Paraná. Entre 2.000 y 5.000 metros cúbicos por segundo caen por numerosas cascadas, formando el conjunto las famosas cataratas del mismo nombre, de más de 2.000 m. de anchura.


Cuando llegamos abajo, al borde del río, y vemos el conjunto de cataratas, nos quedamos mudos, nadie habla, todos absortos intentando captar la inmensidad del espectáculo que nos brinda la naturaleza. Es indescriptible, o por lo menos yo me siento incapaz de expresar palabra, frase o párrafo que refleje lo que veo. Me siento muy pequeño ante tal grandiosidad.
    
Nos dirigimos a las pasarelas que hay instaladas sobre el lecho del río y que permiten acercarnos a diversas cascadas. Nos envuelve una nube de agua pulverizada que se va haciendo más densa cuanto más nos acercamos al fondo de la pasarela. Desde el final de ésta podemos oír el sobrecogedor rugido de la Garganta del Diablo, pero solo ver su parte superior. Hacemos fotos y volvemos a la orilla. Mientras el Grupo curiosea, vuelvo otra vez al final de la pasarela, prendido en la inmensidad de lo que veo por primera y quizás por única vez. Allí estoy, inmóvil, insensible al agua pulverizada que me va calando. Como dice el poeta, "mudo, absorto y .....-casi- de rodillas, porque allí se siente la presencia de Dios. Hasta que me llaman, porque hemos de marcharnos. Volvemos al parque en el ascensor. Desde la terraza de salida del mismo volvemos a admirar las cataratas en toda su extensión y grandiosidad, así como al pie del ascensor hemos podido "casi tocar" la cascada más próxima a él.

Volvemos a los coches y nos vamos al complejo hidroeléctrico de Itaipú. Cuando llegamos, lo que vemos es un inmenso mar cuyos límites se pierden de vista: Es el embalse de Itaipú, mar artificial de 1.350 Km. cuadrados de superficie y 220 m. de profundidad máxima, sobre el río Paraná. Esta a su nivel máximo de embalse, tirando agua por los aliviaderos. La Central hidroeléctrica es del tipo de pie de presa, con 18 grupos generadores de ¿ 700 ? MVA. La tensión de generación es de 18 KV., y transportan a 545 KV.

    
Al construir el embalse, dentro de la zona inundada desaparecieron las cataratas de Sete Quedas, más grandes y espectaculares que las de Iguazú. Las referencias que tengo de ello provienen de una enciclopedia antigua, y dice que " eran las mas grandes del mundo en función de su caudal, 13.300 m. cúbicos por segundo, sitas sobre el río Paraná, en Brasil, y de 40 m. de altura. Siempre en función del caudal, coloca las de Niágara en tercer lugar, y en sexto las de Iguazú  con 1.750 m. cúbicos de caudal y 72 m. de altura ".
    
Nos llevan a una sala de proyecciones, donde vemos un interesante documental de la C. H.. Durante la proyección, nos habíamos sentado en distintas filas. De pronto, en las filas inmediatamente delante de nuestro grupo, la gente empieza a levantarse haciendo expresivos gestos, y casi simultáneamente nos llega a los de atrás un denso y nauseabundo olor. Alguno de los nuestros se ha pegado una "bufa" que huele a cieno, pero el que sea no se mueve, y los demás, por solidaridad, tampoco, y reímos con gana, aunque también sentimos un poco de vergüenza.
    
Al terminar la proyección nos llevan en autobús a una explanada encima de los aliviaderos. El volumen de agua que vierte es tal y con tal velocidad, que en vez de deslizarse, se eleva sobre el final del aliviadero describiendo una gran parábola en la que juega la luz del sol produciendo múltiples y cambiantes iridiscencias, cayendo luego al vacío en un atronador estruendo. Nuevamente en el autobús, nos pasean por la coronación de la presa y por el pie de ella, donde vemos las dieciocho enormes tuberías que alimentan a las turbinas.
     

jueves, 28 de julio de 2016

NOS VAMOS A IGUAZÚ !!!


9 de febrero


Al levantarnos, sacamos petates a la calle y hacemos zafarrancho general del chalet. Queremos dejarlo impecable, y que nuestra patrona no tenga motivos reales de queja. Bastante tuvimos con las negociaciones del precio al llegar, y sobre todo con las más recientes, al aparecer los estudiantes que lo ocupan durante el curso. Con motivo de sus exámenes extraordinarios, habían hablado con la patrona - según nos cuentan - por si tenía habitaciones libres unos días, y ella, suponemos que pensando que estaríamos en la Patagonia, les había dicho que si. Al volver nosotros antes de lo que pensábamos, se descubrió la desfachatez, y se lo reprochamos, quizás con bastante más vehemencia de la debida.
     Conforme ha ido despertándose la gente han ido oyéndose epítetos de unos y carcajadas de otros, según el papel que les había tocado en la noche. Resulta que la pasada noche, los de los güisquis se encontraron con que al acabarse éste, aún tenían grandes cantidades de cubitos de hielo, y no sabiendo que hacer con ellos, y en vista del tremendo calor que hacía, caritativamente se dedicaron a refrescar las partes bajas de los que dormían, desapareciendo rápidamente sin esperar a oír las  " efusivas " gracias que les daban. Manolo y yo nos hemos librado de ello. ¡Alguna ventaja había de tener la veteranía en edad!.
    

A las 11 salimos hacia el aeropuerto en "nuestra furgoneta", decimos adiós a Juanito, el conductor, al que hemos cogido afecto, y a las 13'40 volamos hacia la capital de Paraguay, Asunción. Llegamos a las 16 horas, con un espantoso calor húmedo, dejamos en consigna los petates y nos vamos a la terminal de autobuses que es un horno donde nos cocemos al fuego lento de un sol implacable que penetra dentro del edificio a través de unos enormes ventanales, mientras negocian el bus a Ciudad del Este, antesala de Iguazú. Dos larguísimas horas de espera, y por fin, a las 18'30 salimos en un magnífico vehículo refrigerado, con azafata, bar, water, y sobre todo unos amplios y reclinables asientos que permiten dormir bastante bien.
En los primeros Km., la carretera discurre por los arrabales de Asunción. Humildes casitas, casi todas de una planta, construidas con diversos materiales, abundando paredes y techos de onduladas uralitas. Y a la puerta, sus moradores, buscando en la noche que se inicia, algo de fresco, sentados alrededor de mesitas. Unos juegan a cartas, otros beben no sabemos qué, y otros ambas cosas. O simplemente charlan mientras se pasan mugrientos pañuelos por sus sudorosas caras y cuellos.
    
Desaparecen las edificaciones y la carretera se vuelve sinuosa y con un firme bastante deteriorado. En la noche no podemos verla más allá de lo que alcanzan los faros, pero "la sentimos" en los bandazos y balanceos que da el bus. Ante tal panorama lo mejor es dormir. Y lo hacemos casi todos hasta que nos avisan que estamos llegando a Ciudad del Este. Son las 12 de la noche, casi seis horas de viaje.

Nos cayó una tormenta tropical
    
De la ciudad, solo vemos calles delimitadas por bordillos y con hierbas en lo que algún día serán aceras. No hay edificaciones hasta que llegamos a la estación de autobuses. A partir de aquí, de vez en cuando hay alguna edificación, a lo sumo de tres plantas.
    
Como a lo largo del viaje hemos confraternizado con azafata y chofer, se ofrecen de cicerones y nos llevan a cenar a un restaurante que es una especie de  choza sin paredes. Solo un techo de paja soportado por postes de madera. Cenamos carne asada, buena de sabor, pero bastante dura. También nos orientan en cuanto a alojamiento, limpio y barato. Capitán, Jaumet, Notario, y Jaume Miquel deben estar más boyantes, porque se marchan a un hotel. A propósito, yo creo que entre los que nos quedamos debe haber alguno más "con posibilidades", pero han preferido aportarlo al fondo común, muy depauperado y necesitado, antes que dilapidarlo en comodidades individuales.
    
Nuevo callejear, los nueve en dos taxis, por calzadas sin edificaciones, hasta que llegamos a una zona en la que hay chalecitos y un edificio de tres plantas que es la pensión. Tomamos dos habitaciones, y como no hay literas para todos, pues a las esterillas a los que no "les tocan aquellas”, aunque con la compensación de poder dormir en los balcones, donde parece que es más llevadero el insoportable calor húmedo que tenemos. La humedad se palpa en todo aquello que toques, pues estamos, no lo olvidemos, al borde del río Paraná.
    
Ciudad del Este, originariamente llamada Puerto Presidente Stroessner, es un importante paso fronterizo con Brasil. Está situada en la margen izquierda del río Paraná. Fue fundada en 1.957, hace apenas siete lustros, y su desarrollo debe ir bastante lento sobre lo planificado, a juzgar por las numerosas cuadras aún vírgenes de edificación.

10 de febrero


Tal como habíamos quedado anoche, Vicent y yo nos levantamos a las cinco de la madrugada para ir a contratar un servicio de bus o taxis que nos lleven a las cataratas, y que mientras tanto, los demás puedan seguir descansando. Yo también estoy bastante cansado, pero la hermosura del amanecer, viendo desde el balcón salir el sol sobre el río, me compensa del esfuerzo y me da ánimos.
    
Vamos andando -hay que ahorrar- hasta la Estación de Buses, donde negociamos unos taxis. Contratamos tres, a 18 dólares USA por persona. Anoche nos pedían 50 dólares/persona. Esto nos confirma que en todos los viajes sin tarifas fijas, hay que regatear, y si para hacerlo se tiene en el grupo un maestro en ello, como es Vicent, mejor que mejor. Había que verlo frente a los ladinos taxistas mientras yo, admirado y divertido a la vez, disfrutaba con las ofertas y contraofertas de los pícaros taxistas, que se miraban asombrados entre ellos mientras iban cediendo ante la habilidad de Vicent. En el viaje se incluye también una visita a la central hidroeléctrica Itaipú.
    
Cuando llega el resto del grupo nos ponemos en marcha hacia Iguazú. Pasamos a Brasil por el Puente de la Amistad, sobre el río Paraná. A la entrada del puente, la aduana paraguaya, y en el otro extremo, la brasileña. No hay trámites aduaneros, y los agentes de la parte paraguaya mas parecen delincuentes que otra cosa. Sin uniforme, en zapatillas, con los faldones de las camisas colgando.... . Los brasileños, por lo menos van uniformados, aunque su función, al parecer,  solo sea decorativa. Los andenes del puente son una riada humana cargada de bultos y paquetes en ambas direcciones. Nos dicen que hay un gran negocio de compraventa de aparatos electrónicos a precios muy asequibles.